domingo, 7 de noviembre de 2010

ZAPATOS GASTADOS


Un sol hipertrofiado se ha encargado de extinguir hasta la más pequeña nube del horizonte. Como el ensayo de un coro de idiotas, 1356 carros tratan de sonar al tiempo sin coincidir jamás. Miles de casas y edificios, que vistos desde arriba parecen más una enfermedad en la piel de la tierra que una ciudad. Tanto el asfalto como el andén producen a lo lejos pequeños fantasmas que tratan de borrar la costura del horizonte, o eso es lo que el calor quiere hacer creer. En medio de la calle sólo hay un hombre, muchos carros, muchos buses, muchos edificos y puentes, pero sólo un hombre haciéndose sombra con su visera de cinco dedos. La expresión de su frente le crea obstáculos a las gotas de sudor y les impide llegar rápido al suelo. Su otra mano, cargada de sudor y folletos, abre sus dedos dejando caer varios papeles con el titular de "Atalaya" al piso. el hombre gira la cabeza de un lado a otro, sin saber que rumbo tomar en esa ciudad. Esa ciudad incompleta,  esa ciudad en la que los buses, carros, casas y edificios carecen completamente de puertas y ventanas. Estaba rodeado de una ciudad de bloques sólidos de ladrillo, cemento y metal, sin entradas ni salidas. El hombre decide sentarse y descansar un rato antes de continuar su marcha hacia nigún lado.

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