sábado, 4 de junio de 2011

HNOS GASCA

Veinte minutos antes de empezar el espectáculo, varias familias están haciendo fila para entrar al circo. Ven que algunos empleados salen con unas enormes canecas y con ellos también sale un olor acre penetrante. Al ver esto la gente no hace preguntas porque las preguntas arruinan el encanto del espectáculo. Uno de los empleados tropieza con una piedra y hace que una caneca se de vuelta y su contenido cae al el piso. Lo primero que se ve son unos bultos grises de interior rosado, entre esos pedazos del rompecabezas se alcanza a ver una pequeña trompa arrugada, pero eso no importa porque la gente olvida fácil. Muchos empleados salieron corriendo a levantar lo que nadie debía ver, y en ese momento la fila que llevaba veinte minutos quieta, empezó a avanzar.  

Las luces se apagan. Suenan los redoblantes, y cuando las luces vuelven a aparecer, unas cincuenta familias en medio de un terrible olor a meados y sentados en unas gradas de madera medio podridas, empiezan a aplaudir y con cada aplauso, los meados y la madera húmeda desaparece, porque la gente olvida fácil. Hace su aparición Big Boy, un elefante asiático de cuatro toneladas que tiene un adorno dorado en la cabeza, como los que se ponen las bailarinas árabes pero cinco veces más grande. Big Boy aparece acompañado de su adiestrador quien lo lleva al centro del escenario donde hay una silla giratoria relativamente pequeña. Todos ven que el elefante sube una pata delantera a la silla giratoria y la otra queda en el aire, dejando sólo las dos patas traseras apoyadas en el piso. Eso es lo que ve la gente, pero el elefante ve la fusta blanca que el entrenador tiene en la mano. Todos ven como eleva una de las patas traseras y la flexiona como si fuera un equilibrista. Big Boy sigue viendo la fusta. En un increíble acto de coordinación y equilibrio, levanta la otra pata trasera y queda apoyado únicamente en la pata que esta sobre la silla giratoria, haciendo que las cuatro toneladas del elefante den vueltas como bailarina de caja musical. El público aplaude y grita eufórico. Cuando deja de girar y las cuatro patas de Big Boy vuelven a tierra, la gente ve al elefante más increíble del mundo. Big boy sigue mirando la fusta. Luego a su entrenador, algo pasa por su cabeza y su mirada cambia. Su cuerpo avanza hacia él como un tanque de guerra. El entrenador trata de huir pero pierde el balance. Big Boy lo patea como si fuera una pelota y el hombre trata de defenderse, una patada y ahora tiene los brazos fracturados, otra patada en el tórax y tiene  hemorragias internas. La gente sale despavorida corriendo por el horror de un espectáculo que pierde el encanto de la ficción y se vuelve real. Big Boy inclina su enorme cabeza y aplasta el cuerpo de su entrenador con la trompa. La gente olvida fácil, pero Big Boy se acuerda de del trato de sus sus entrenadores a él y a su cría de dos años. A Big Boy no se le olvida el momento en que su pequeño dejó de reaccionar a los golpes. Después de asegurarse que ningún hueso del entrenador quedara completo, el elefante sale de la carpa enloquecido.   La policía llega y abre fuego contra el paquidermo.
Antes la gente lo quería, lo amaba por hacer el número de la silla giratoria pero la gente olvida fácil. Ahora lo quieren ver muerto por lo que hizo con el entrenador. Al caer al piso después de una fuerte balacera, todos habían olvidado a la estrella del espectáculo, pero nunca iban a olvidar al elefante asesino.

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